homekeyboard_arrow_rightNOTA INFORMATIVA

No es solo una cuestión religiosa
Marc Fromager

Este informe, que estudia la libertad religiosa, pretende evaluar las pruebas relacionadas con la práctica y la expresión de la fe dentro de un país concreto y ofrecer una opinión sobre sus perspectivas de futuro.

Para reflejar fielmente los factores religiosos en el análisis de un conflicto hay que evitar cometer dos posibles errores: exagerar el papel que representan dichos factores, o bien no reconocerlo suficientemente. En realidad, la religión es uno de los muchos elementos que intervienen, parte de ellos inseparables.

Entre los factores que entran en juego se cuentan, sin un orden concreto, el peso de la historia, la influencia de la geografía o el clima, las circunstancias políticas (tanto las históricas como las contemporáneas), las características demográficas, la situación socioeconómica, la cultura, el nivel educativo y, finalmente, la religión.

Si, para mayor claridad, quisiéramos agrupar todos estos elementos, probablemente podríamos asumir que la mayor parte de ellos se relacionan, en términos generales, con tres ámbitos fundamentales: política, economía y religión. Esta última no se suele tener en cuenta de forma sistemática, salvo en un informe como el presente en el que constituye el objeto de estudio principal.

Dos crisis recientes ayudan a ilustrar la complejidad de este tipo de situaciones, a saber: la guerra de Siria y el éxodo de los rohingyás. Presentada normalmente como una guerra civil, la crisis siria tiene una dimensión geopolítica internacional (el conflicto entre Arabia Saudí e Irán y, después, la confrontación entre Rusia y Estados Unidos), un componente económico (el gas catarí y el petróleo sirio) y un elemento religioso (la lucha hostil entre suníes y chiíes en el contexto de la expulsión de las minorías religiosas).

Respecto a los rohingyás, la forma habitual de presentar la situación simplifica demasiado el conflicto al mostrarlo como unas pobres e inocentes víctimas musulmanas perseguidas por los malvados budistas birmanos. Sin pretender minimizar el sufrimiento de cerca de medio millón de refugiados ni despreciar al incontable número de víctimas, el hecho es que, cuando se analiza la naturaleza de este conflicto, queda claro que no es exclusivamente religioso.

Una vez más, encontramos factores políticos: el deseo de secesión de una zona tribal del territorio birmano en un escenario de cambios demográficos (muchos birmanos, además del Gobierno, suponen que los rohingyás son en su mayoría de origen bengalí) y causas económicas (el descubrimiento en esta zona de grandes depósitos marítimos de hidrocarburos y el deseo de hacer frente a las considerables inversiones chinas).

Estos dos casos muestran la existencia de un factor religioso pero no se puede considerar que por sí solo sea la raíz de ninguna de las dos crisis. Tener en cuenta esta complejidad pone de manifiesto la importancia de fomentar la libertad religiosa. Dicha libertad ayuda a reducir la posible instrumentalización de la religión y, por lo tanto, elimina uno de los factores que contribuyen a la crisis.

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